sábado, 14 de mayo de 2011

Mi semana, en jornadas (con sorpresa al final)

¡Señoras y señores! ¡No se peleen! ¡No hagan cola! ¡No hace falta! ¡Hay sitio para todos! ¿Quieren saber cómo se puede morir de estrés? ¿Quieren presenciar en directo cómo un pobre incauto ha tomado decisiones erróneas y se arrepiente minuto a minuto de lo que ha decidido? O, ¡mejor aún!, ¿quieren verle sufrir una muerte lenta y dolorosa de la que ni se percata porque sus sentidos están tan ocupados haciendo miles de cosas mientras ustedes comen palomitas y se regodean en su desdicha porque él, pobre infeliz, ni siquiera tiene tiempo para quejarse (con lo que a él le gusta ser una reina del drama y quejarse cual Scarlett O'Hara a los cuatro vientos)? Pues, pasen, señores. Pasen y vean.

Los lunes, nuestro pobre infeliz, recorre los cien kilómetros que separan su lugar de domicilio hasta su lugar de trabajo y se encierra en el instituto hasta las tres, hora en la que come a trompicones hasta que dan las cuatro, momento en el que vuelve a meterse en el aula hasta las ocho de la tarde, momento en el que vuelve a coger el coche y a recorrerse los 100 kilómetros que le separan de su ansiada cama. Porque es eso exactamente en lo que piensa mientras pisa el acelerador y reza por que la guardia civil no esté por las carreteras en ese momento: en su ducha, en su cama (y en su capítulo de A Game of Thrones, que verá mientras cene pero que no entenderá debido a su agotamiento cerebral).

Los martes, nuestro incauto espécimen de humano, vuelve a recorrerse cien kilómetros, da clases hasta las tres y recorre el camino de vuelta tan solo para encontrarse un hogar destrozado por el desorden, la inmundicia, los platos, sin fregar, la cama sin hacer, el baño sin brillar y la ropa tirada por el suelo gritándole desesperada que haga algo para que recuperen su lustro y esplendor de antaño.

Los miércoles, como cualquier otro miércoles, comienzan para nuestro ejemplar de homo cansadus con sus kilómetros reglamentarios, sus clases reglamentarias y su casual corrección de exámenes. Él no lo sabe, pero se encuentra amenazado de muerte por sus alumnos, que no tolerarán un día más de espera sin conocer los resultados de las pruebas que, de nuevo, el infeliz que nos ocupa, ha preparado entre minuto de tarea y minuto de tarea. Vuelve a casa y se mete de nuevo en clase, esta vez en la UNED, donde es tutor y donde intenta sacar lo mejor de sus alumnos. El examen está próximo. Nadie sabe quién está más tenso. Si los alumnos o el profesor.

Y llegan los jueves, de nuevo recorriendo kilómetros, nuestro caballero de triste figura (porque encima, como casi no camina, los michelines están apoderándose de su cuerpo cual caries malvadas de anuncio de dentrífico) piensa en los exámenes por poner, en las tareas que corregir y en, por supuesto, las clases que también da por la tarde en la UNED ese mismo día, que no ha tenido tiempo de preparar y de la que, por supuesto, aun le quedan varios trabajos por corregir. Se ha enterado de que está amenazado de muerte por uno de sus grupos de alumnos. Traga saliva mientras conduce y se dice que no deberia consentir amenazas de otro grupo pero que, a fin de cuentas, lo de dormir eternamente no suena tan mal en ese momento. Y finalmente da sus clases. Y sale de sus clases y prepara las clases del día siguiente.

Que es viernes. Y como cualquier otro viernes, se levanta con la misma cara que Belén Esteban (pongo este personaje por las visits que suscitará sus búsqueds en Google, claro, no porque mi imaginación esté tan seca que no sea capaz de imaginar un símil más vistoso) sin pasar por maquillaje y piensa que sería estupendo que fuera un viernes de verdad y no un sucedáneo. Porque, normalmente, los fines de semana se los pasa limpiando todo lo que no limpió durante la semana, recogiendo las pelusas que, de pronto, se han empeñado en recibirle cada vez que llega a casa y comprando todo lo que no compró para alimentar su vacía nevera.  y corrigiendo todo (TODO) lo que no corrige durante la semana. Y va al cine. A veces. Solo cuando la película lo merece.

Y este fin de semana tengo que preparar la charla que doy el próximo 19 de mayo en la Biblioteca Pública de Cáceres a las 20:00 horas, titulada Literatura juvenil: tan necesaria como completa y a la que estáis, por supuesto, invitados. Por favor, venid. ¡Que por ahora el único asistente confirmado es mi madre! Prometo que dejaré que me tiréis tomates al final. Incluso aunque os haya gustado. En serio.

Y además, ayer sumé una tarea más a todas las anteriores después de recibir una llamada.

(¡¡Una más!!)

La llamada de mi editor.

Sí, leéis bien.

Me he comprometido a entregar la revisión previa a la edición de Tormenta de verano, mi primera novela infantil, que verá la luz el próximo mes de octubre (¡¡¡ilustrada!!! De verdad, no os miento, ¡¡ilustrada!!) en Ala Delta, de nuevo en Edelvives.

¿A que no os lo esperabais?

(la verdad es que, fiel a la costumbre de no esperarme estas noticias cuando me las dan por estar pendiente de otras veinte mil cosas, yo tampoco)


Sí, seguro que me llamáis avaricioso por quedarme con tantas tareas y deberes cuando debería repartíroslo pero, qué queréis que os diga, pese a sonar egoísta (no, no soy egoísta, ¿en serio no queréis que os regale unos cuantos exámenes para que los corrijáis por mí?) estoy deseando quitarme todo lo anterior de encima, guardarlo en el cajón de "decisiones desafortunadas que jamás volveré a tomar so pena de morir por falta de tiempo libre" y ponerme con el proceso de edición de la novela. Lo haré con el mismo editor con el que lo hice con Ne obliviscaris. Así que la diversión y el disfrute están más que asegurados.

Y ¿lo mejor? No será lo único que publique durante este año. Pero más sobre eso más adelante.

16 comentarios:

Cos dijo...

Qué fuerte y qué genial que ya tan pronto después de la primera haya una segunda. Es todo tan como, no sé, IRREALMENTE GUAY. ¡Voy a tener que hacer un sitio más grande para ti en mi estantería! En serio, alucino :)))

Y sí, totalmente deberías repartir porque no sólo te lo quedas todo tú sino que además todo mola. ¡Ser profesor! ¡Corregir cosas! ¡Conducir cien kilómetros! Oh, wait..

(¡Ánimo con las cosas que consumen tiempo y a ponerse con las que hacen que lo disfrutes! :)

Geo dijo...

BRO! IDOLAZO! *hace la danza del pijama*

Begoña dijo...

Enhorabuena por la próxima publicación de tu segunda novela. Con lo ajetreada que es tu vida felicitaciones dobles.

Y te paso un verbo delegar. Tarea imposible para mí, pero para ti igual sirve. Te paso una entrevista que puede interesarte. No porque seas mamá, que sé que no, sino por lo importante del verbo delegar :)

http://silencioeslodemas.blogspot.com/2011/03/mama-y-bebe-del-mes-de-marzo.html

leo dijo...

¡Felicidades, Fernando!
Vaya ajetreo, hijo: al menos todo sale bien.
Un besote

Anabel Botella dijo...

Jornadas duras... felicidades por esa nueva publicación, y encima ilustrada. El 19 iría encantada, pero me pilla un pelín lejos. A ver si te vienes a Valencia xD

Ardid dijo...

De sólo leerte ya me has estresado. ;) Me alegro mucho por tu segunda publicación; espero que me dediques el primer libro antes de que salga publicado el segundo. Y, por supuesto, creo que habrá muchas más. Beijinhos.

Deira dijo...

Me he reído muchísimo con esta entrada, Fer xDDDDDD Mucho ánimo para todas las tareas, aunque no las quieras repartir, y sobre todo...

ENHORABUENA OTRA VEEEEEEEEZ!!! Me encanta que vayas a estar esclavizado con otra tarea más que desembocará en otro libro de Fernando Alcalá en mi estantería!!! :________________D

(Mención especial para el final de la entrada à la Ted Mosby: but more on that later... <3 <3 <3)

Ruth dijo...

¡Felicidades, felicidades, felicidades! Tú piensa que todo este ajetreo es momentáneo, que al ritmo que vas no tardarás en vivir de la literatura y no tendrás que conducir esos cien kilómetros (I've been there; es lo peor, agh!).
Por cierto, ¿qué das en la UNED? A ver si vas a tener alguna de las asignaturas que me toca estudiar a mí...
Un besazo.

Antonia Romero dijo...

¡Genial! ¡Menudo broche para esta entrada tan gloriosa! Estaba leyéndote y pensaba, -hay que ver, a Fer solo le faltan dos niños-, me estaba sintiendo identificada (y agobiada), y entonces le has dado la vuelta. Estoy feliz por ti, de corazón, te lo mereces. Un besazo.

Soledad Gallardo dijo...

No eres el único de mis amigos o conocidos estresados ... pero eres un escritor y un ser estupendo. Suerte!!

Leara dijo...

llego un poco tarde pero FELICIDADES por el notición!!!!!! no sabes cuánto me alegro, Fer!

Sheikh dijo...

¡Cuánto me alegro de la noticia de tu nueva publicación! Y encima ¡ilustrada!

Ikima dijo...

¡Estás a tope Fer! ¡Impresionante!Un poquito de tu energía y el mundo acaba de dar la vuelta completa.

B. Miosi dijo...

Felicitaciones, amigo, una nueva publicación seguida de un éxito! ¡Y hay quienes dicen que no se puede publicar...

Besos!
Blanca

Anónimo dijo...

¿Cómo es posible que no haya leído yo este post? 0.o

¡¡ENHORABUENA!! estás en racha, por currela, sí señor :D


Procura respirar anda que sólo leer todo lo que haces de lunes a jueves agobia >_< Y a tus grupos de alumnos habrá que mantenerlos a raya que aún tienes mucho que escribir y publicar ;D

Ahys, qué genial! Me alegro una barbaridad por ti, Fer bapetón!
:********!!!!

Gina

Fernando Alcalá dijo...

Muchísimas gracias a todos por vuestros ánimos y palabras. Por la evidente falta de tiempo no puedo responderos a todos individualmente (por ahora) pero se agradece mucho. Y, eso sí, los abrazos son individuales, que los de grupo molan pero asfixian.

Así que, ahí van: un abrazo para cada uno.