viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Cómo coño es que ya estamos en septiembre?

¡Ah! ¡Hola! ¿Qué hacéis por aquí? No, normalmente no llevo estas pintas, pero es que estoy barriendo las telarañas. Y, sí, ya sabemos todos que yo soy un aracnofóbico y que en la vida real jamás osaría limpiarlas no sea que alguna de sus habitantes se me cayera encima pero este es mi blog, todo lo que cuento aquí es mentira y hago lo que me da la gana.

El verano ha pasado por mí como si no hubiera existido. Hoy he ido por primera vez al intsituto y resulta que me ha dado la impresión de que había ido el día anterior y no sé si pensar que es algo triste o alegre.

Como podéis comprobar por la ausencia de entradas y por lo insulso de mi escritura hoy, no he parado. Eso está bien, pero para mí el verano siempre ha sido una época larga, infinítamente larga, en la que me daba tiempo a aburrirme. Así que supongo que el aburrimiento era algo que me podía permitir antes, porque si algo ha pasado este verano es precisamente eso: no me he aburrido.

Así que, por la parte literaria, que es la que nos interesa porque dudo que os interese saber el estado de mi herida en la pierna, fruto de un cirujano malvado que se empeñó en quitarme un lunar y que me ha tenido cual vampiro sin poder ponerme bajo el sol (aunque, todo sea dicho, yo huya del sol...).O tampoco creo que os interese saber lo mal que comí en Irlanda y los kilos que engordé durante el crucero por el Adriático.O que sigo sin un euro.

O que, durante la boda de unos amigos, perdí los pantalones. Literalmente, no en sentido figurado ni sexual que aquí nos conocemos todos. Es decir, que cuando fui a abrir la funda del traje a doscientos kilómetros de mi casa y a una hora escasa de la boda, resulta que los pantalones ya no estaban allí (y yo lo había revisado a conciencia antes de salir de casa). No llevaba más que unas calzonas hawaianas así que, como era de esperar, cundió el pánico. Mucho. Pero hete aquí que las tiendas de pueblo todavía abren los sábados por la tarde y yo no puedo estarle más agradecido al señor Marcelo, de Modas Marcelo, por que también entrara en pánico (según sus palabras: «¡Dios mío! ¡Un pantalón! Para ti y yo sin modista y con tu metro y medio habrá que cogerte el bajo!» a lo que yo le respondí si realmente creía que a mí me importaba que los pantalones me quedaran largos) y por que, finalmente, junto a veinte alfileres por pernera, yo pudiera ir a la boda dignamente vestido.

O que durante mi viaje a Irlanda, la alarma de incendios del hotel sonara a las dos de la mañana y comenzáramos a gritar como damiselas en el vestuario femenino ante la visita de un mirón a pesar de que fuera una falsa alarma y que, después del susto,a mi novia le dio por darme ideas para cuentos de terror que nos dejó a os dos sin pegar ojo durante toda la noche. Jamás un hotel dio más miedo que en sus palabras.

Supongo que no os interesará nada de eso y que lo que os interesa es lo que he escrito durante este verano y las conclusiones (seguramente absurdas) a las que habré llegado. Pero, dado que probablemente hayáis perdido el hábito de pasaros por este blog, y dado que estoy leyendo a George Martin, el maestro del cliff-hanger por excelencia y estoy aprendiendo mucho de él y de sus maneras de putear a sus lectores, mejor os cuento todo eso en la próxima entrada.

Que será en breve.

(la audiencia se ríe y se atraganta y se asfixia y se muere)

La entrada de hoy está dedicada, por supuesto, a Adhara, cuyas preguntas capciosas siempre dan donde más duele, como nuestra conversación de ayer:

Adhara: ¿Por qué no posteas?
Un compungido Fer: Porque no tengo cerebro.
Adhara: ¿Desde cuándo eso es una excusa para no postear?

Y me pilló. Vaya si me pilló. Si ella supiera que tuve que empeñar mi cerebro este verano para poder viajar...

10 comentarios:

Ana dijo...

Modas Marcelo, salvando el c*** a sus clientes desde tiempo immemoriales... Bienvenido a la rutina (again).

Ana dijo...

Perdón por la transferencia del inglés en la doble m :P

Fernando Alcalá dijo...

Se perdona, se perdona!! Y tanto que me salvó, literalmente, el traserete!

leo dijo...

Qué bueno, fer. Qué bien que (no) has vuelto. :-))

Anónimo dijo...

¡Vives! :D
¡Y prometiendo post! :D al cuadrado.
Gina :******

Ardid dijo...

Yo ví con cundió el pánico. Y he de decir que fue graciosísimo. ;) Eso sí, al final, iba genial.
Se te echaba de menos por estos lares. Nos tienes abandonados.
Tengo ganas de leer algo de tus nuevos proyectos. Beijinhos.

historiasdemanfredo dijo...

Bueno, en realidad, ya es octubre...
Saludos

Esther dijo...

Hola, Fer... También estoy sacando las telarañas acumuladas, tras bastante tiempo de no andar por la blogosfera... Y retomando viejos caminos, llego aquí y encuentro una entrada que hizo que empezara el día a pura risa... ¡Cómo te ibas a aburrir en vacaciones semejantes! La historia de los pantalones... Vaya, merece ser registrada en un cuento, ¡es fantástica!

Me alegra saber que sigues por aquí y por allá, y además,con tanto humor.

Un abrazo,
Esther

Carles dijo...

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