sábado, 13 de febrero de 2010

El mecanismo del reloj (I)

Hace un par de semanas me ofrecieron formar parte del comité de lectura para un premio de novela. Y a mí, que la curiosidad me puede y los libros más, no me quedó más remedio que aceptar la propuesta a pesar de no cobrar nada, de que el premio de novela tuviera su sede en otra ciudad y, por tanto, que me tocara desplazarme y a pesar de... a pesar de nada, que acepté encantado (de todos modos, a mí se me soborna fácilmente).

Así que aquí estoy para contaros los entresijos de esto donde me he metido para que así, tanto yo como vosotros, podamos sacar algo en claro.

Cuando llegué a la reunión se respiraba un ambiente estupendo. Nos metimos en una habitación donde había (y no exagero) cerca de cien sobres con sus correspondientes novelas procedentes de todas las partes del mundo, así que nos dividimos en grupos de trabajo y nos dispusimos a abrirlos y catalogarlos.

La cosa era simple, había que comprobar que todas las novelas seguían las bases para después numerar tanto los ejemplares como sus plicas. Pero os sorprendería la cantidad de obras que tuvimos que rechazar porque no cumplían lo dicho en la convocatoria.

Nunca me he planteado el por qué de las bases. Su existencia es lógica. Es igual que en las oposiciones, se trata de que, al menos, en el aspecto meramente formal, todas las obras partan con las mismas posibilidades. Es algo bueno. Es algo positivo. Seguirlas nos hace continuar en la carrera. No hacerlo, nos elimina. Tan simple como eso. Si hay que discriminar, es mejor hacerlo porque no cumplan las bases. Es, simplemente, más justo.

Y nosotros eliminamos las siguientes:
  • Las que no entregaban el número de ejemplares solicitado en la convocatoria. ¿Por qué, si se piden cinco ejemplares, tú mandas tres? ¿Sabes leer?
  • Las que no llevaban las páginas numeradas. Si no lo haces, ¿cómo vamos a saber que cumples con el número de páginas? Si uno de los premios (aparte de la dotación económica, que en este caso es sustanciosa) es la publicación, la editorial que finalmente saque al mercado al ganador, tendrá estipulados el volumen del ejemplar, el número de páginas aproximada. Y no responde a capricho. Normalmente se hace para que la novela ganadora encaje en su catálogo editorial y no destaque ni por encima ni por debajo. No olvidemos que cuando dejamos de escribir y la obra está finalizada, si queremos moverla, tenemos que meternos en un mercado. Y un mercado no es un museo.
  • Las que se excedían en los márgenes. Coño, si te pedimos un número de páginas determinado, lo lógico es que lo cumplas. Pero que lo cumplas bien, leche. Si empiezas a escribir a mitad de página, no estás cumpliendo con las bases. Mucho menos si llegas por los pelos al mínimo de páginas exigido en la convocatoria de esta manera. ¿Sabes? En mi casa, a eso lo llamamos trampa. Claro, que también llaman trampa a cuando yo soy la banca en el monopoly y me hago un préstamo, pero es que tiquismiquis los hay en todos los lados. Incluso en mi familia.
  • Las que no estaban debidamente encuadernadas. Comprendo que nunca entendí bien esto de la encuadernación al presentarme a los premios. ¿Qué es debidamente encuadernada? Pues ahora lo sé. Debidamente encuadernado es toda aquella encuadernación (y con este comienzo podría crear un trabalenguas que seguramente acabara haciéndose famoso) que no permite que se suelten las páginas. Y es que, queridos amigos, encuadernar una novela con grapas no es una buena idea. Digamos que acabas perdiendo, como poco, el final. Y uno no quiere que eso ocurra, ¿no? Así que descalificamos todas aquellas cuya encuadernación era endeble y que tanto impedía el fácil manejo de la obra durante su lectura así como también facilitaba la pérdida de páginas. Señoras y señores, el canutillo es nuestro amigo. Es un poco caro, sí. Pero la amistad siempre conlleva ciertos sacrificios.
  • Por no hablar de esas fuentes enormes, como poco a tamaño catorce, con un interlineado apocalíptico. O por no hablar de esas fuentes liliputienses con un interlineado a juego. No, señores, eso no es cumplir las bases y eso es partir con más ventaja (o desventaja) que aquellas obras cuyos autores se han preocupado por cuidar. No se trata de adaptar algo que ya tengamos para un concurso, coño. Eso nunca suele funcionar. Resulta que lo lógico es que algo que hayamos escrito se adapte. Así de fácil. Así de claro. O de escribirlo directamente teniendo en cuenta las premisas del concurso al que vamos a presentarla. Adaptar no suele salir bien. Si quitamos, porque quitamos. Si ponemos, porque ponemos. Si adaptamos una obra, nuestra decisión tiene que responder a criterios meramente estilísticos, literarios, novelísticos, o como coño queramos llamarlos. No tiene que responder a lo que dice una convocatoria. Si no se adapta, por mucho que nosotros le cambiemos la letra y el interlineado, va a seguir sin adaptarse.
  • Y, por último, aquellas novelas que no eran novelas. Pero ¿tú, que has mandado un cuento de tres páginas, has leído a qué te estás presentando? Por mucho que seas Augusto Monterroso, una obra de tres páginas nunca va a ser una novela. ¿O sí? Me da a mí que no tengo ni idea, pero para eso están las bases. Para no cometer injusticias. A lo mejor eres el precursor de un nuevo género y has creado el maravilloso mundo de las novelas de tres páginas, pero en cualquier caso, tu obra no vale porque no es un certamen para novelas de tres páginas.
Y es que, coño, da pena. Da pena que la gente se haya esforzado en escribir algo, que se haya gastado el dinero en enviarlo desde otros países, que se hayan tomado su tiempo... para nada. Para nada porque no hayan leído cómo tienen que hacerlo. En estos casos, lo siento, pero las normas están para cumplirlas porque en este caso sí que aportan justicia. Quizá sea el único aspecto de los concursos donde sí haya justicia.

Porque después viene el siguiente paso y ahí ya entran en juego otros factores.

Éramos bastantes miembros en el comité de lectura y no es humano (ni justo para el concurso) que todos leamos todas las novelas, más que nada porque no es humanamente posible leer cerca de ochenta novelas (después de eliminar alrededor de veinte) con la atención que se merecen y cumplir los plazos al mismo tiempo, así que nos dividimos en varios grupos. A cada grupo, se le asignó un determinado número de novelas. Las mismas.

Es decir, cada miembro del grupo tendrá que leerse las mismas novelas y seleccionar dos. Y por eso digo que, quizá, la parte de las bases sea la más justa (casi científicamente hablando) en cualquier certamen literario, ya que el siguiente paso depende de la suerte. A lo mejor, de las novelas que me han tocado no me gusta ninguna, pero si alguna de esas novelas hubiera caido en otro grupo dentro del comité, podría haber gustado. ¿Quién sabe?

Pero esa es otra historia que, como decía el gran Ende, deberá ser contada en otra ocasión. Ahora mismo estoy con la lectura de las novelas que me han tocado y tengo que decir que hay de todo. Pero que leerlas, cada uno de los miembros del comité de lectura, las estamos leyendo porque sabemos la responsabilidad que nuestro papel entraña. Queremos que gane la mejor, que nuestra decisión sea irrefutable y, para eso, tenemos que hacerlo con conciencia.

Así que me voy a seguir leyendo. El próximo día, más.


12 comentarios:

Velda Rae dijo...

Oh, señor, me has puesto los dientes tan largos con la posibilidad de cotillear sobre un certamen literario por encima de tu hombro que salivo y todo. No me lo tomes en cuenta si te dejo perdido el blog.

Como algien que se ha decidido a participar en este tipo de premios/concursos me interesa mucho este tipo de información, porque hay cosas que, por neófita, se me escapan, aunque leer las bases (hasta 20 veces :-P) no es una de ellas.

Sigue contando todo aquello que no sea secreto de sumario, por favor. Sobre todo los motivos por los que se descarta un manucristo a lo largo de todo el proceso.

Y una pregunta, ¿cuántas obras llegan finalmemte a manos del jurado?

Ruth dijo...

Qué guay, qué envidia, qué emocionante. Disfruta de la experiencia, a ver cuándo te ponen de jurado.

Roskat dijo...

Yo fui jurado en un concurso de relatos (infantiles, con temática navideña), y de cartas de amor. Y también tuve que rechazar trabajos porque no cumplían con el sistema de plica (más de uno, firmaba con su nombre y con el colegio al que iban); o entregaban los sobres abiertos.

Pero claro, eran niños...

Y también he sufrido como "autora" que me rechacen un trabajo por ese tipo de cosas que comentas. Así que hay que tomarlo como una guía. Espero que no te den mucha tralla y que las novelas al menos sean entretenidas. Un saludo!

Maripaz dijo...

Normas: la extensión de la obra. Mal. Yo creo que no se debería poner límite a este tipo de cosas. Dejaremos de premiar "Guerra y Paz" porque es muy larga o "Sin noticias de Gurb" porque no llega a un límite de páginas. Mal. Libertad para escribir, libertad para crear. Si ocupa poco como si ocupa mucho. Si luego no te parece una novela, devuélvelo por eso, pero no porque le falten diez páginas. Y si es muy largo, empieza a leer, si no vale la pena siempre puedes parar. Editores al peso. Espasa Calpe tiene "El Quijote" en edición de bolsillo.

Ikima dijo...

Muy buenos los consejos, a aquellos que nos presentamos a los concursos siempre nos viene bien la visión de los comités/jurados, pero no hay mucha gente dispuesta a hablar de ello, de modo que gracias :) Lo que más me ha llamado la atención es el tema de la encuadernación precisamente porque siempre me ha parecido muy difuso eso de "debidamente encuadernado". No obstante siempre lo he enviado con canutillo (me ha puesto contenta constatar que voy bien encaminada) y para evitar el tema del precio me compré una encuadernadora de espiral metálica. Recomiendo que todo el mundo se la compre, se amortiza perfectamente.

Un saludo desde literatura a la parrilla.

Fernando Alcalá dijo...

Gracias por tu visita, Velda, de eso se trataba, porque hay poca información al respecto y muchas veces nosotros mismos tampoco entendemos las normas, Cuando las comprendemos, es más fácil aceptarlas, por no decir: natural.

Uy, Ruth, uy, uy, ya tengo suficiente responsabilidad leyendo, imagina que tengo que elegir sobre las demás.

Roskat, no sé, estoy leyéndolas y hay de todo...

Maripaz, entiendo lo que dices acerca de la extensión. Pienso como tú, escribir no entiende de fronteras. Pero es que esto es un concurso. Siempre he dicho que no se ha de escribir para un concurso, sino encontrar un concurso que se adapte a lo que has escrito. Es algo muy diferente.

En cuanto a lo que dices, ten en cuenta que entran otras variables. Tienes que elegir unos mínimos criterios formales que igualen a las novelas al menos en cuanto a eso, a la forma. Por eso digo que es mejor presentar algo que has escrito previamente y libremente antes que adaptarlo. Adaptar no es solución de nada.

Ikima, me alegro de haberte servido de ayuda. Tienes razón con lo de la encuadernadora, pero soy tan malo haciendo trabajos manuales, que seguramente acabara llevándolo a la tienda de todos modos...

Violet dijo...

Hola, soy nueva por aquí! Ikima ha compartido este post con l@s que participamos en Literatura a la Parrilla (te invito a visitarnos: http://parrilladeliteratura.blogspot.com/).

Antes que nada, qué emocionante formar parte de algo así! Yo fui lectora, el año pasado, para un concurso de relatos organizado por una universidad valenciana y me encantó la experiencia, pero era a un nivel mucho menor que lo que explicas! Gracias por compartir esto con l@s pobres ilusos que nos presentamos a concursos esperando llegar a despuntar algún día (aunque me haya acojonado, y perdona la expresión, porque creo que no incluí los números de página en el último concurso en el que participé!).

Por cierto, y cambiando de tema, aunque es la primera vez que te escribo, no es la primera que sé de ti: conozco a Aldery y a Deira :P

Saludos!

Carmen dijo...

Fernando, soy tan escéptica respecto a los concursos, que me he ilusionado al leer lo que cuentas. Siempre pensé que estaban dados, que no se los leían más que para hacer un paripé. Sé de personas que han renunciado a participar de jurado en un premio de Diputación o Ayuntamiento por vergüenza torera y que cuentan cosas de ponerte los pelos de punta. Veo a los mismos premiados, en novela de ficción, en novela infantil y juvenil, en novela negra, en novela larga, en novela corta, en relatos y en humor. Pero cómo se puede ser tan versatil. Por eso me alegro al saber que no siempre es así, que todavía hay decencia en determinados premios. Gracias, Fernando, por hacerme recuperar la confianza.

Ikima dijo...

Yo quería preguntarte una cosita. Una vez eliminados aquellos originales que no cumplen con las bases, ¿qué criterios se siguen para repartir los restantes originales entre los miembros del comité? Porque yo me pregunto, si por ejemplo cada miembro debe leer 10 obras y después proponer 2 para pasar a la siguiente fase... pues puede ocurrir que un lector tenga dentro de éstas 7 obras maestras y se vea obligado a descartar 5, mientras que otro puede tener de partida 10 bodrios y tener que elegir forzosamente dos para pasar de fase, con aquello de "elegir el menos malo".

Begoña dijo...

Me encanta todo lo que has contado porque hace que cuando me presento a un concurso sin saber muy bien qué espero hallar con ello al menos sepa que hago lo adecuado. Es decir intentar darles a mis personajes el lugar que creo que les corresponde porque los amo. Sencillamente.
Acabas de darme una información vital que te agradezco profundamente.
No diré que te envidio porque últimamente estoy tan centrada en terminar mis historias que apenas consigo leer nada que no sea extraordinario en el sentido en que no me deje despistarme y pensar en mis cosas, es decir tiene que ser algo que me atrape de lleno y no me deje libertad de actuación.
Me sucedió hace poco con La muerte blanca de Eugenia Rico y después de eso dejé varios libros sin leer.
Acabo de entrar en tu blog y acaba de atraparme de lleno. Por algo será. Saludos

Fernando Alcalá dijo...

Hola, Violet, muchas gracias por pasarte por aquí!! Y, la verdad, yo también te conocía :P Ya te comenté en Literatura a la Parrilla el porqué mirábamos la numeración. Este certamen exige un mínimo y un máximo de páginas. Es normal que se mire, está en las bases. Tú, como participante, tienes que dar el trabajo hecho al máximo, no esperar a que otros lo hagan por ti. Espero que tengas suerte, pero ya sabes que el GA es un certamen muy prestigioso, mantén los pies en la tierra en todo momento y no desfallezcas. Ya me contarás si "recibes la llamada" (que es lo que decíamos el año pasado en el blog de SM)

Ikima, no puedo responderte a tu pregunta porque todavía estoy en mi tarea de lector y no sé qué pensarán los demás, pero es eso acabo de decirte lo que estoy haciendo: Leer. Soy un lector y como tal me estoy comportando. No sé si me explico.

Uy, Carmen, créeme cuando te digo que estoy también un poco desencantado con los concursos. Debe de haber de todo, como en botica; pero yo soy suspicaz por naturaleza. Por eso, cuando me propusieron formar parte de este, no me lo pensé. Quería saber qué ocurría en un certamen por dentro. Y, por ahora, estoy encantado con la transparencia y profesionalidad tanto de los lectores como de la organización. Nuestra única meta es que gane la mejor. Y estamos trabajando para que así sea.

Begoña, muchas gracias por pasarte por aquí. Creo que coincidimos en muchas lecturas porque he visto tu nombre en varios blogs que frecuento así que es un placer tenerte por aquí.

Janet dijo...

Gracias por compartir tu experiencia. Siempre va bien saber lo que ocurre al otro lado de la cortina.
saludos