En el episodio anterior...
A Fer le habían invitado a participar en el comité de lectura de un certamen internacional de novela y aceptó. Fer se reunió con los miembros del comité y fueron seleccionando una a una qué novelas cumplían las bases y qué novelas no las cumplían, después las numeraron e hicieron varios bloques (cada bloque acabó formado por diez novelas). Finalmente, se dividieron en grupos (tres personas para cada bloque de diez novelas) y se llevaron los manuscritos a sus casas para leerlos...
Bueno, después de este resumen, cuando me vi delante de las novelas, la verdad es que me agobié mucho porque no me sentía, no capacitado intelectualmente para decidir, sino quizá, moralmente. Supongo que detrás de esto está mi deformación profesional: me paso casi diez horas al día siendo profesor y evaluando a alumnos que pueden, o no pueden, llegar al diez y dándoles todas las oportunidades posibles para que, al menos, lleguen al cinco.
Sin embargo, esto era diferente. No valía con un cinco, porque de mis diez novelas, yo tenía que decidir qué par era el que, en mi opinión, merecía el diez.
Finalmente, y a pesar de que suelo ser conocido por mi alto índice de aprobados, ninguna de las novelas que tuve que leer llegaron al diez. E incluso me atrevería a decir que ni llegaron al cinco.
Tuve que cambiar el chip, claro está. De todas las novelas se puede sacar algo bueno, por supuesto, no voy a ser yo quien diga lo contrario. Pero como lector, yo quiero leer lo mejor. Y mucho más, como lector de un comité de lectura: no solo quería leer lo mejor, sino que era responsabilidad mía que la novela que se publicase fuera la mejor, estuviera impoluta y no tuviera ningún fallo.
Ni siquiera me conformaba con hacer reina a la tuerta de las novelas. No me daba la gana, no me parecía justo que, de la muestra que yo tenía, eligiera una que no se adaptara a lo que yo querría leer en un libro publicado.
Por tanto, con mucha pena, no seleccioné ninguna. Y creo que fue lo más justo que hice. ¿por qué? Ahí van mis razones:
Porque, precisamente, es aquí donde entra la parte optimista de todo esto. Quizá no has ganado este premio, quizá no has entrado dentro de mis gustos y por eso no has sido seleccionado, quizá tu obra estaba genialmente escrita pero yo soy un tiquismiquis de cojones y he acabado amargándote el mes en el que tenías puestas tantas ilusiones porque no me interesaba lo que me estabas contando. Pero, ¿sabes qué? Hay gente con opiniones diferentes a las mías a las que puede gustarles lo que haces. Si es así, ¿qué haces leyendo este rollo? ¡Corre a preparar tu novela! ¡Hay mil premios ahí fuera que están esperando una obra digna! ¿Por qué no va a serlo la tuya?
A Fer le habían invitado a participar en el comité de lectura de un certamen internacional de novela y aceptó. Fer se reunió con los miembros del comité y fueron seleccionando una a una qué novelas cumplían las bases y qué novelas no las cumplían, después las numeraron e hicieron varios bloques (cada bloque acabó formado por diez novelas). Finalmente, se dividieron en grupos (tres personas para cada bloque de diez novelas) y se llevaron los manuscritos a sus casas para leerlos...
Bueno, después de este resumen, cuando me vi delante de las novelas, la verdad es que me agobié mucho porque no me sentía, no capacitado intelectualmente para decidir, sino quizá, moralmente. Supongo que detrás de esto está mi deformación profesional: me paso casi diez horas al día siendo profesor y evaluando a alumnos que pueden, o no pueden, llegar al diez y dándoles todas las oportunidades posibles para que, al menos, lleguen al cinco.
Sin embargo, esto era diferente. No valía con un cinco, porque de mis diez novelas, yo tenía que decidir qué par era el que, en mi opinión, merecía el diez.
Finalmente, y a pesar de que suelo ser conocido por mi alto índice de aprobados, ninguna de las novelas que tuve que leer llegaron al diez. E incluso me atrevería a decir que ni llegaron al cinco.
Tuve que cambiar el chip, claro está. De todas las novelas se puede sacar algo bueno, por supuesto, no voy a ser yo quien diga lo contrario. Pero como lector, yo quiero leer lo mejor. Y mucho más, como lector de un comité de lectura: no solo quería leer lo mejor, sino que era responsabilidad mía que la novela que se publicase fuera la mejor, estuviera impoluta y no tuviera ningún fallo.
Ni siquiera me conformaba con hacer reina a la tuerta de las novelas. No me daba la gana, no me parecía justo que, de la muestra que yo tenía, eligiera una que no se adaptara a lo que yo querría leer en un libro publicado.
Por tanto, con mucha pena, no seleccioné ninguna. Y creo que fue lo más justo que hice. ¿por qué? Ahí van mis razones:
- Los fallos en la forma: Cuando presentas una novela a un premio, no puede tener fallos. Y ahora no estoy hablando de fallos en su estructura interna o en la narración o en vaya usted a saber qué. No. Estoy hablando de cosas mucho más prácticas y casi pueriles: no puede haber errores en su puntuación, no debe haber faltas de ortografía, por favor (es deperogrullo, pero me las encontré). Tiene que estar impoluta. No puede ni debe faltar nada. ¿Por qué? Muy fácil. Cuando presentas una novela a un premio, no hay lugar para la edición porque suele pasar poco tiempo (si acaso lo hay) entre el fallo del premio y la publicación de la obra. Una novela premiable debe ser perfecta en su concepción, en su construcción y en su consecución. Tiene que ser efectiva. El propio autor ha de ser el editor y hacerse las mismas preguntas que le haría un editor. No puede ser condescendiente consigo mismo, tiene que ser muy consciente de que lo que entregue tiene que estar perfecto. O al menos, lo más cercano a ese punto.
- El principio: Si no tienes un buen principio, no te molestes. No voy a seguir leyendo. ¿Por qué? ¿Porque soy un talibán de las letras? ¿porque soy un nazi empedernido? No. Muy fácil. No voy a seguir leyendo porque si no tienes un buen principio, para empezar, por muy buena que sea tu historia, no me va a apetecer seguir leyendo. Si tienes un mal principio, tu novela no está perfecta, seguramente le sobren cosas (o le falten). Por tanto, no será merecedora de un premio.
- La narración: Ya puede ser genial tu historia, que si la narración es enreversada, no es clara, o está llena de errores de concordancia, o no tienes clara la voz del narrador, o tus puntos de vista no están bien focalizados, o demás... pues tampoco voy a seguir leyendo porque, directamente, no creeré a esa novela merecedora de un premio. Falta técnica.
- La historia: Y aquí es donde yo diferencio entre escritor y redactor. Puedes escribir de puta madre, puedes ser el único que sacó una media de diez en los ejercicios de redacción del colegio, del instituto y de la universidad, pero como lo que cuentes no me interese o me aburra aunque solo sea un poco, no voy a seguir leyendo. Si me aburre, no me gusta. Si no me gusta, como lector, no voy a leerlo y ahora mismo lo que soy es un lector de un comité de lectura, es decir, UN MERO LECTOR como otro cualquiera. Por tanto, llegamos a la conclusión siguiente: de ser publicada, yo no me compraría tu novela; por tanto, en mi opinión, tu novela no merece ese premio para el que estoy trabajando por mucho que su factura sea impecable.
Porque, precisamente, es aquí donde entra la parte optimista de todo esto. Quizá no has ganado este premio, quizá no has entrado dentro de mis gustos y por eso no has sido seleccionado, quizá tu obra estaba genialmente escrita pero yo soy un tiquismiquis de cojones y he acabado amargándote el mes en el que tenías puestas tantas ilusiones porque no me interesaba lo que me estabas contando. Pero, ¿sabes qué? Hay gente con opiniones diferentes a las mías a las que puede gustarles lo que haces. Si es así, ¿qué haces leyendo este rollo? ¡Corre a preparar tu novela! ¡Hay mil premios ahí fuera que están esperando una obra digna! ¿Por qué no va a serlo la tuya?
