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domingo, 29 de junio de 2008

Me muero

Me muero por muchos motivos. El primero: El cansancio (el físico, el psicológico y el emocional). El segundo, pues luego os lo digo.

Me ha tocado ser tribunal de la Oposición de este año. No hace más de dos que me la saqué y ya me ha tocado evaluar cómo lo hacen algunos de mis compañeros de clase. Es agotador, no solo por la carrera a contrarreloj que los señores de las administraciones públicas nos imponen llevar (cobrando una mierda, todo sea dicho) sino porque, perfectito y pefeccionista que es uno, intenta hacer su labor lo más profesional posible y eso conlleva un desgaste de calcio, potasio y azúcares y demás nutrientes cerebrales que me deja turulato para el resto del día.

Pero, ¡oh, condena!, no puedo permitirme estar turulato porque mi chica también está opositando (de otra especialidad, no me seais malpensados) así que, como uno ya tiene experiencia en estas lides, pues le toca ayudar en el proceso. Y sostener en el momento de los bajones. Y animar y llevar la voz cantante cuando toca.

Agotador. No recordaba estar tan cansado desde mi propia oposición. Y lo que me queda. Estoy triste. Animadme.

Porque me muero. Sobre todo eso: me muero.

Me muero porque lo que más me apetece en el mundo es escribir y no puedo ni tengo la estabilidad mental para hacerlo.

Todo un drama, señores.

sábado, 12 de enero de 2008

Resurgiendo de las cenizas...

... o más bien de los mocos, resurgiendo de los mocos, los pañuelos, los delirios y la fiebre, porque a eso se ha reducido mi semana después de las vacaciones: a un gripazo que me ha tenido en la cama con treinta y nueve de fiebre.

Dice ese proverbio famoso que hay que tener mucho cuidado con lo que uno desea, porque puede hacerse realidad, y yo le pedí a los reyes magos que me concedieran vacaciones de las vacaciones, que necesitaba descansar, que habían sido demasiadas salidas, demasiadas borracheras y amanecidas en la calle como para que yo ahora pudiera enfrentarme al comienzo del trimestre con la energía que se esperaba. Claro que tuvieron que malinterpretar mi carta o algo así porque, que yo sepa, lo de los delirios nocturnos no es que descanse mucho, que me pasé una noche pensando que era el río que abastecía el priorato de Kingsbridge y estuve bebiendo agua sin parar porque de mí dependían todos los molinos de la zona... Como podéis imaginar, tuve que dejar de leer el libro de Ken Follet porque la noche siguiente ya no era un río, era un caballero que tenía que organizar un ejército en función de los colores de la ropa que llevaban los campesinos, y dejé de leer, sí, pero entonces echaron los Borgia por la tele y ya estaba yo soñando que era uno de ellos, con esas capas de armiño tan bonitas, esas orgías tan estupendas y esa cantidad de poder tan estupenda también sobre la cabeza.

Si eso es descansar de las vacaciones que venga el señor Melchor y lo vea. Exijo la carta de reclamaciones.