No falla. De pronto, sin avisar (o con avisos a los que uno prefiere ignorar), uno se libera de todas las obligaciones superfluas que le han tenido ocupado la mayor parte del tiempo durante los últimos meses y, así, sin comerlo ni beberlo, al día siguiente se pone malo. Con gripe. Con fiebre. Y sin mami en casa a la que quejarse.
Definitivamente, estar malo sin tener a una madre a la que quejarse (al menos, le lloraba por teléfono) no mola.
Pues eso, no falla. Cada vez que mi cuerpo se relaja, las defensas deben de cogerse vacaciones y acabo enfermo; ya sea gripe, gastrointeritis, faringitis o cualquier cosa terminada en itis. Soy de esa gente tonta que se pone malo en vacaciones o en fin de semana. Desde luego, debo de ser el primer funcionario disfuncional.
En fin, que la semana pasada fue mi primera semana libre en varios meses (entendiendo por "libre" el seguir trabajando a cien kilómetros de casa, el tener una pila interminable de redacciones y de exámenes que corregir y demás obligaciones varias) y voy yo y, como soy así de inteligente, pues me cojo la gripe y me la paso envuelto en una manta viendo a Ana Rosa y sucedáneos por la tele.
Si ya estaba gilipollas, probablemente mi gilipollez habrá aumentado en un doscientos por cien.
Pero, eso sí, me dio tiempo a leerme las cartas de amor del certamen del que soy jurado y quedar satisfecho con el resultado. Recogí las novelas del certamen del que soy comité de lectura. Di una charla sobre literatura juvenil a profesores y bibliotecarios que disfruté muchísimo y, sí, también me ha dado tiempo a desesperarme con la nueva novela.
Porque, no sé si os pasa a vosotros, pero ahora que tengo tiempo para dedicarme a ello, me da ansiedad. Es como una sensación que empieza en la boca del estómago y que sube a la garganta y que hace que el corazón lata más rápido; que te da vértigo y terror y que te hace pensar: "madre mía, madre mía, madre mía, que voy a escribir. ¡Qué nervios!". Así que luego vas y como es un pensamiento que te supera, te pones a hacer cualquier otra cosa.
Siempre me pasa cuando llego a cierto punto en cada proyecto. No es miedo a la página en blanco, no sé exactamente qué es pero se parece a pensar que ahora que puedes dedicarte a ello, a lo mejor no das la talla.
Pero no os preocupéis porque suele durarme solo los primeros días.
Eso espero.
Porque si no, significará, que la ración doble de Ana Rosa y sucedáneos varios me dejó definitivamente (más) gilipollas.