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lunes, 23 de noviembre de 2009

No-vedades

Vamos, que no tengo nada nuevo que contar sobre el horizonte y de ahí la laguna de entradas últimamente.

Estoy intentando el NaNo, sí. Con trampas, pero sí. Pero no creo que este año lo consiga. No me importa, porque para mí este año el objetivo era simplemente volver a sentarme frente al ordenador para escribir porque sí.

Y como me era difícil hacerlo con El árbol de los secretos, al final me decanté por una novela erótica de la que los primeros capítulos ya pululaban (sin pulir) por la red bajo seudónimo.

Sí, es trampa, pero yo siempre he sido un tramposo y nunca me he avergonzado por ello. No es que no me apeteciera escribir, de hecho, no hay nada que me apetezca más, pero uno es humano y por mucho que mi adorado Chris Baty diga, hay momentos en la vida en la que no es posible dedicarse a algo al 100%. Pero no desisto, seguiré con ella. De hecho, he avanzado bastante en la trama (¿trama?), los personajes se han perfilado (¿personajes redondos en una novela erótica? ¿Es eso posible? Parece que sí, que mis personajes también piensan y sienten -como pa no lo de sentir, oiga, con la cantidad de perversiones que les hago hacer-. Y ellos, tan felices. ¡Como pa no!).

Así que ahí sigo, dándole.

Y no interpretéis mal esa última palabra que os conozco bien.

Luego estuvieron los problemas de la mudanza, que para mí son muchos pero resumidos en uno. Uno de los principales motivos por los que me he mudado de mi cuchitril de 35 metros cuadrados a una casa más grande era que tenía demasiados libros. Sí, mis padres casi me obligan a llevarlos al trastero y uno tiene mucha dignidad y se hacía el hara-kiri antes de bajarlos a ese húmedo y oscuro sótano lleno de arañas. Conociéndome, ahí se iban a quedar. Porque sito en el que hay arañas, sitio al que Fer no va.

Libros y ropa, es lo único que tengo. Son mis debilidades.

Así que tengo todos mis libros metidos en cajas. Eso ya no es un problema porque ya he vuelto a caer y ya hay nuevos ejemplares en la mesilla.

pero hubo problema. El problema existió en el tiempo en el que volví a casa de mis padres mientras montaba la casa. No tenía libros. Y está comprobado que yo no soy capaz de dormir si antes no he leído algo (o, en su defecto, he hecho otras cosas igualmente placenteras que en casa de mis padres, evidentemente, era imposible hacer) así que no tuve más remedio que acudir a la biblioteca de mi hermano.

De esa biblioteca había leído la mayoría. Por no decir todos. Menos uno. Y ya se sabe que cuando el hambre aprieta hasta un mendrugo de pan duro con algo de paté caducado satisface.

No es que no hubiera intentado leerlo antes, que lo hice. Su estilo era el ideal para una de esas tardes de piscina veraniegas. Su trama se relacionaba con una de mis novelas preferidas, la que yo considero la primera "novela seria" que leí después de tanto Barco de vapor, tantas aventuras de los cinco y demás libros de la sala infantil de la biblioteca de Cáceres: Drácula. Sin embargo, no pude leer mucho. Era simplemente infumable.

Y no, no es Crepúsculo. Gracias. Esa la intenté por curiosidad antes de todo el boom mediático y me quedé por la parte en la que la insulsa y estúpida protagonista casi muere. Decidí dejarlo ahí porque no pude avanzar más. En mi mente, el mundo era mucho menos imperfecto si moría. Era el final perfecto.

(Así como me encanta Harry Potter, no puedo con Stephenie Meyer y su ineptitud escritora. Simplemente me es imposible. Me entristece, me amarga, me agobia tanta estupidez concentrada, me agobia tanta letra mal escrita, me genera ansiedad, me da rabia, me repugna. Me ocurre igual que con esa pseudoescritora extremeña que se cree la George Martin española)

El libro que tuve que coger so pena de no dormir en dos meses era, tachán tachán, La historiadora.

Por Alanis Morrisette, menuda mierda de libro. O de traducción. O de lo que sea. Pero, joder, no os podéis hacer una idea de la tortura que es no tener tiempo para ir a la biblioteca, no tener un puto duro para comprarte un libro y tener eso en la mesilla y tener que leerlo. Uno tiene que dormir, que si no no es persona.

Los ojos me sangraron cuando leí TODABÍA. Con todas las letras, incluso con esa B tan bonita y barrigona. TODABÍA.

Los ojos me están sangrando ahora al leérmelo a mí mismo.

Por no hablar del pus que despedían mis orejas por cada una de las perífrasis de deber con sentido de duda en la que no había un solo "de". "Debía ser de noche cuando llegamos", "Debía estar muy salido cuando le pillamos haciéndose pajas en el baño". "Debía ser una inculta cuando escribió -o tradujo- eso" "Debía haberse pegado un tiro antes de coger el libro".

No he podido terminármelo.

Pero ahora sufro de sangrado continuo de ojos.

¿Algún doctor en la sala?


miércoles, 6 de agosto de 2008

Perdona si estoy mal escrito y traducido y editado pero me publica Planeta

El otro día andábamos buscando un libro para que mi chica leyera en la piscina y como más o menos sé sus gustos, le dije que por qué no se llevaba el de Perdona si te llamo amor de Federico Moccia. Había escuchado hablar de él en el telediario y más o menos me sabía de qué iba, pensaba que le iba a gustar.

Al día siguiente, se quedó dormida y lo cogí yo para echarle un vistazo. La verdad es que lo flipé bastante con lo que pueden hacer la publicidad y la promoción (como si me sorprendiera, vaya, pero es que, qué queréis que os diga, uno es un poco inocente y cree siempre primero en la bondad y en la buena intención de las personas y que todo es rosa y bonito y dulce y de caramelo y de supernovas, chiste privado que no vais a entender).

El libro (todavía no llevo mucho, pero me da un poco de pudor llamarlo "novela") parecía más un guión cinematográfico lleno de diálogos insulsos llenos de onomatopeyas y notas a pie de página (que se supone que es la narración. La narración, me parto) que más bien parecen las acotaciones de un director de teatro que fragmentos de narración.

Vamos a ver, yo no sé mucho de técnicas literarias actuales ni nada, pero, no sé. A mí no me parece que el libro esté tan bien escrito ni que sea tan la hostia. Sí, puede que el tema tenga tirón, pero no sé.

Para empezar, la voz narrativa es muy particular. Se entremezcla sin ningún tipo de criterio la voz de un narrador en tercera persona con los pensamientos del personaje que está bajo la focalización en ese momento.

No, Alessandro deja la nota sobre la mesa, no han entrado los ladrones. Ha sido ella. Me ha robado la vida, el corazón. Ella dice que siempre ha respetado mis decisiones, pero ¿qué decisiones? Deambula por la casa. Los armarios están vacíos. Conque decisiones, ¿eh? Si ni mi casa era mía.


A mí esto no me parece ni original ni, ni mucho menos, algo bien escrito. De hecho, desde mi punto de vista, se salta más de dos lógicas de escritura porque sí, no le veo justificación ninguna a ese tipo de narrador, no me encaja en esta novela (si estuviéramos hablando de Virginia Woolf y esto fuera una novela literaria en sí misma o experimental, pues me callaría) y me parece metido con calzador, como si el autor no hubiera querido meterse en los berenjenales de escribir en primera persona cada punto de vista. O incluso parece vagancia y dejadez. Queda artificioso, sí, pero no en un sentido positivo, al menos en mi opinión.

(Prefiero pensar eso a que el autor -o, yo qué sé, el traductor- no tenga ni idea de las normas formales y de estilo que, seguramente habría pensado yo si fuera un informador de Planeta y este manuscrito me hubiera llegado de manos de un escritor novel, para qué vamos a engañarnos. El tipo este ya viene precedido por su fama en italia, así que supongo que es mejor no pensar que no tiene ni idea. Supongo, claro)

Y, bueno, yo no es que sea un purista precisamente (de hecho, CarPa también ha sido a veces tildada de "guión cinematográfico" más que de novela, pero bueno, sé por qué es así y no me preocupa. Más que nada porque hay fragmentos en que está hecho a conciencia -la novela quiere imitar la forma de una telecomedia- y porque esas "acotaciones" son más que acotaciones, vamos, que no son solo "Allesia (u otro nombre italiano) coge dos vasos. punto y aparte, seguimos con el diálogo lleno de onomatopeyas digno de redacción infantil"), pero creo que sé reconocer cuándo algo está bien escrito o cuándo el escritor que hay detrás no tiene muchas luces (no me parece un escritor inteligente el que hay detrás de la novela, lo siento) y trata de ser, cómo decirlo, ¿efectista?.

—¡Naomi!
—Se me da bien, ¿eh? —Sonríe Niki.
Diletta bebe un sorbo de cerveza.
—Deberías dedicarte en serio a lo de ser modelo.
—Pasa el tiempo, un año, una se engorda...
—¡Olly, eres una envidiosa! Te fastidia que desfile tan bien, ¿o
qué? Pero sabes de sobra que esta..., es la hostia. ¿Cómo se llama?
—Alexz Johnson.
—¡Eh, aquí todas somos profesionales! Mira, mírame a mí. —Y Olly se planta en el otro extremo de la acera, se apoya la mano en la cadera derecha, dobla un poco la pierna y se detiene, mirando fijamente al frente. Después da media vuelta, se echa la melena hacia atrás con un rápido movimiento de cabeza y regresa.
—¡Pareces una modelo de verdad! –Y todas le aplauden.

Odio el efectismo en las novelas. O al menos, el efectismo mal llevado. Queda bien en las pelis de Silvester Stallone, no te digo yo que no, pero, yo qué sé. Es que efectismo acaba llevando a teatralidad y la teatralidad es imposible de creer, todavía menos en una historia que se vende como "historia de amor de verdad blablablaqué bonito".

Y encima, no llevo mucho, apenas ochenta páginas y ya he visto docenas de gazapos, traducciones mal hechas y errores de edición.

¿No se supone que Planeta tiene que cuidar esas cosas? Lo admito de una editorial pequeña, a lo mejor, que no dispone de muchos medios, pero, ¿de Planeta? Sinceramente, si yo fuera el autor a lo mejor me cabreaba un poco por la falta de respeto a mi texto.

Yo, como lector, me he cabreado porque para mí eso entra también dentro del campo del respeto. Sobre todo porque un libro de Planeta no es barato precisamente. Puede ser malo, sí, como en nuestro caso, pero tiene que estar impoluto y cuidado al máximo. Con mucho énfasis en lo de tiene, del verbo tener utilizado como perífrasis de OBLIGACIÓN.

Qué rabia me dan estas cosas.