Mostrando entradas con la etiqueta NaNoWriMo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NaNoWriMo. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de diciembre de 2009

Fracaso absoluto

Pues sí, a veces hay que reconocerlo. El NaNo ha sido un total fail (se escucha un abucheo por toda la sala). Fue un fracaso total en cuanto a palabras escritas. Me he quedado en 27.987 de 50.000, poco más de la mitad, seguramente mi adorado Chris Baty haya pegado una foto mía delante de una diana y esté ensayando con sus dardos. Porque sí, ya que uno decide seguir una religión y decide hacerse con un gurú, lo que no puede hacer es no dedicarle el tiempo, ni la razón, ni el corazón ni la pasión suficientes. Es como si... no sé, un católico empedernido se olvidara de la Semana Santa o como si un ferviente musulmán pasara del Ramadán o como si, no sé, como si Tom Cruise no se comiera la placenta de su siguiente hijo.

Así que se lo permito. Se lo permito a ustedes también, señores. Fustíguenme, escúpanme cuando vaya por la calle, díganselo a sus amigos, a sus familiares, díganlo en la tele. Me lo merezco, merezco caminar por la calle y que me señalen con el dedo, merezco los cuchicheos, las miraditas de soslayo, las risas y las carcajadas a mis espaldas. Me lo merezco y acepto con orgullo mi penitencia.

No se puede seguir una religión y no practicarla.

Eso sí, pienso resarcirme dedicándole más tiempo a esta novela. Pero resarcirme de verdad, a conciencia, porque hay divertimentos que solo se pueden disfrutar a través de la literatura, mucho más cuando estás escribiendo una novela erótica, mucho más cuando esa novela erótica la está escribiendo una mente tan perversa como la mía. O ¿qué coño? Si no hay nada mejor para comprender lo que uno está escribiendo que ponerlo en práctica. Definitivamente, el mejor modo de hacer penitencia.

¿Qué pasa? Cada uno elige la religión que quiere...

domingo, 25 de octubre de 2009

Se acerca ese momento del año en que...

El otro día tuvimos en el instituto (idea de un compañero profesor de lengua y literatura) una iniciativa que me encantó y que, para qué engañarnos, acabó resultando todo un éxito (y una desgracia para mi agujereado bolsillo que últimamente sufre más que nunca).

Realizamos la feria del libro económico. Veréis, es la primera vez que estoy en un instituto rural y, la verdad, se diferencia en muchos aspectos de los institutos de ciudad, en la que enseñas a niños que lo tienen todo al alcance de la mano.

El instituto en el que estoy da cobijo a niños de varios pueblos de alrededor, pueblos algunos de poco más de mil habitantes. Todo esto supone un lío enorme, por ejemplo, a la hora de mandar las lecturas obligatorias (como dice mi amiga Pilar Galán, qué poco me gusta el adjetivo "obligatorio" después de la palabra "lectura". Es un oxímoron en toda regla) porque los niños no saben (o no tienen) dónde comprarlo.

Así que, en principio, debido a esa tesitura, decidimos que el pasado jueves (día, además, en el que hacíamos las reuniones con los padres) celebráramos en el instituto la feria del libro, con lo que los alumnos (y nosotros, y los padres, y todo el que quisiera) podía conseguir hasta un 25% de descuento en los libros que compraran, ayudados por el centro y por la única librería-papelería-bazar del pueblo.

Es increíble lo que cambian las cosas cuando cambias el contexto. Colocamos el stand en el rellano del centro y fuimos sacando, una a una, a las clases para que lo visitaran y se llevaran los libros que habían encargado a través de sus tutores. Pero no ocurrió solo eso. De pronto, al ver los libros (porque también había libros de lectura, de animales, de pasatiempos, de cocina... en fin, lo que comúnmente llamamos una librería, coño. También había un par de libros de sexo, que se vendieron. Uno de ellos lo compró un niño de 1º de ESO. Yo no soy nadie para meterme en las motivaciones extrínsecas, así que no hice ningún comentario. Los libros están para leerse, ¿no? Aunque no sea a dos manos) empezaron a mostrar curiosidad y, de hecho, muchos alumnos se llevaron libros "no obligatorios" e incluso se acercaban a la feria en los recreos para comprar, para ojear y hojear los libros y sugerirnos a los profesores que les mandáramos tal o cual libro para leer al año siguiente porque les había gustado o bien la portada, o la sinopsis o porque sí.

Decía Santo Tomás que uno no puede amar aquello que no conoce y creo que ese día se demostró su teoría. Ver a los niños emocionados y cogiendo los libros y curioseando e incluso comprándoselos fue, sin duda, de lo mejor que me ha pasado desde que llevo dando clase. Poco a poco, voy recuperando mi desgastada fe en la juventud.

Y voy recuperándome, y voy asentándome y voy colocando cajas y cuadros y estanterías y gastándome los cuartos, pero no me importa. Queda una semana y, un año más, lo pienso conseguir. Esta vez con la primera parte de El árbol de los secretos.

Se acerca el NaNoWriMo, señoras y señores (Ruth, pienso vigilarte de cerca y picarme contigo y lanzarte pullitas para que no decaigas). Pero ya hablaré de eso más adelante durante esta semana. Ahora hay que organizar, hacer esquemas, emocionarse y aplaudir de anticipación.

Me encanta noviembre.

domingo, 30 de noviembre de 2008

¡¡He escrito más que tú!! (y seguramente mucho peor pero no me importa)


Bueno, ya está hecho. Cuando mis neuronas vuelvan de las vacaciones a las que pienso enviarlas ya hablaré del tema. Pero, como siempre, más que divertida la experiencia.

viernes, 31 de octubre de 2008

Preparados, listos.. ¡ya!

No debería poner títulos tan genéricos a mis entradas porque luego pasa eso de que entra alguien a mi blog buscando maneras de matar a su suegra (verídico). Y también sé que no debería tardar tanto en escribir pero, ah, señoras y señores, ha vuelto.

¿Quién ha vuelto? Pues esa señora (porque yo me la imagino como una señora) que me trae moquitos, y fiebre, y malestar general y que se combate con pastillitas que hacen que Fer entre en un estado semi-catatónico en el que ve elefantes de colores.

(¿Dar clase a la ESO con afonía y dolor de garganta? Lo más bonito que me ha pasado nunca. Os lo recomiendo a todos. Sobre todo a aquellos a los que odio con pasión)

Pero no puedo permitirme estar enfermo. No. Mañana es uno de noviembre y desde el 2004 el uno de noviembre --aparte de por el atracón de buñuelos de crema y de huesos de santo-- se lleva caracterizando por ese cosquilleo de anticipación en el momento en el que comienzas una nueva novela, que es casi como comenzar una nueva vida.

Aí que, al final, después de muchas disquisiciones, agobios, dudas y demás, empezaré El traficante de recuerdos, que va muy en consonancia con la última novela que he escrito en cuanto a temática y creo que, así, me será más fácil.

No me esperéis levantados, nos vemos el día treinta de noviembre.

(Aunque seguramente será antes, porque durante este mes se pasa por tantos estados psicológicos, emocionales y viscerales, que en algún sitio aparte del wc tendré que venir a descargarme).

domingo, 12 de octubre de 2008

Noviembre

Recuerdo la primera vez que participé en el NaNoWriMo (obligado por Adhara) allá por el año 2004. Recuerdo que, a pesar de mis reticencias, el asunto parecía hecho para mí: un mes, solo un mes, para conseguir una meta concreta: un borrador de unas 50.000 palabras. Parecía fácil. No por la meta a conseguir, que, para qué engañarnos, se me antojaba como un Everest o algo parecido. No. Sino por el hecho de que fuera un mes.

Yo no creía que pudiera hacerlo. Escribir había sido algo así como un sueño, una imagen mental de un yo mismo ideal que quería ser escritor, pero que no hacía lo único que había que hacer para serlo: escribir.

Escribir me proporcionaba tanto placer y era tan feliz haciéndolo que me hacía sentir culpable. No sabría explicarlo, pero para alguien que siempre había antepuesto sus obligaciones al ocio, dedicarme 100% a ello era algo así como ir en contra de mis principios. Extraño, lo sé. No era capaz de anteponerlo a cualquier otra cosa y siempre ocurría algo, cualquier acontecimiento, que lo retrasaba. Por eso nunca terminaba lo que empezaba y, si lo terminaba, era porque era corto. No disfrutaba escribiendo cosas cortas. Todavía sigo sin disfrutarlo. Yo quería escribir una novela, pero claro, eso requería mucho tiempo y dedicación que, aunque tenía, no me veía capaz de dar.

Así que, qué narices, un mes dedicado a eso parecía la opción perfecta. Podía inventar excusas durante un mes, incluso desaparecer del mapa para no ser encontrado. Así que lo hice.

Todavía recuerdo noviembre del 2004 como el mes más feliz de mi vida.

No me costó nada meterme. Es cierto que seguía sintiéndome culpable por dejar de lado esas otras obligaciones que parecían mucho más importantes. Era extraño dedicarme a escribir sobre cualquier otra cosa, indulgirme de aquella manera (se me ha metido ultimamente en la cabeza esa palabra y todos sus derivados: indulgencia. ¿Será el subconsciente?), llevarlo casi en secreto, escribir en clase mientras los demás tomaban apuntes (estaba haciendo el horrible CAP) y no sentirme mal. Es más, sentirme hasta rebelde y transgresor por hacerlo. Disfrutar de la historia, de aquella historia que yo mismo estaba creando. Hasta cuando solo escribía un par de párrafos me sentía pletórico y feliz. Fue como engancharse a una serie de televisión, estaba deseando que llegara el momento de escribir para saber qué pasaba. No sabría explicarlo, pero para mí fue como tocar el cielo con las manos.

No logré el NaNoWriMo, claro. Pero conseguí 30.000 palabras del borrador de mi primera novela (obviemos el hecho de que escribí un truño de novela a los 16 años) y jamás en la vida me había sentido tan bien conmigo mismo.

Entonces llegó diciembre y yo no estaba dispuesto a dejarlo. Descubrí cómo, por aquel entonces, debían sentirse los toxicómanos a los que se les obliga a dejar las drogas. Así que seguí escribiendo, seguí en mi nube.

No fue hasta que olvidé dos citas importantísimas porque me obsesionaba la idea de seguir escribiendo cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo y de lo culpable que me hacía sentir eso. Sin embargo, una conversación con mi chica de estas profundas, serias e importantes fue el detonante para que yo me ratificara en aquella idea: ¿Se había convertido escribir en algo importante? Sí. ¿Entonces por qué cojones yo era el único que no lo veía así? Dependía de mí que los demás lo vieran de esa manera.

Así que eso fue lo que hice.

Tardé otro año y pico en terminar la novela, porque se metió la oposición por medio (y eso lo veía igual de importante, porque la estabilidad laboral, de tiempo libre y económica que me iba a proporcionar ayudaría a que yo pudiera escribir) y porque, para qué engañarnos, me costó darle a la escritura el lugar que quería darle en mi vida.

Pero lo hice, acabé la novela y todo el mundo que ocupaba mi día a día, mientras tanto, se fue acostumbrando a que yo tenía menos tiempo para dedicarles. Todavía hay gente en mi vida que no lo entiende, pero para mí no es objeto de enfado ni de frusración. Vamos, dicho en plata, paso como de la mierda de que para ellos no sea más que una excusa, porque, para mí, decir: "No puedo, tengo que escribir" es más que eso. Es realmente un No Puedo sumado a un No Quiero. No disfruto más saliendo una noche entera de juerga que escribiendo, sobre todo si la noche de juerga va a robarme la larga mañana de domingo en la que puedo estar escribiendo. ¿Es una droga? Sonará romántico à la Coleridge, pero lo es.

Y estamos a mediados de octubre y se aproxima noviembre. Afortunadamente, ya no necesito un NaNoWriMo para poder escribir. Pero, para qué vamos a engañarnos, uno lo hace porque es, ante todo, un pobre sentimental...

sábado, 14 de junio de 2008

Insertar título inteligente aquí. La resaca me lo impide.

Ayer, día de mi cumpleaños (toma sutil sutileza), recibí un regalo estupendo (nótense mi falta de adjetivos y mi narración ramplona. Nunca te tomes más de tres mojitos pasada la medianoche. Son como los gremlins):

Me han concedido por Equilátero la beca a la creación literaria que concede la Consejería de Cultura de Extremadura (con esto me sale un poema, que es imposible evitar la rima interna). Ya la había conseguido por CarPa, así que en ningún momento, desde que la solicité en Enero casi por casualidad y porque estaba aburrido una tarde y no sabía qué hacer, me había vuelto a acordar de ella. Era muy difícil que me la concedieran por segunda vez. Pero, en fin, ahí está doña Beca. Dos mil euritos más para la saca que vienen muy bien para las vacaciones (por ahora nos vamos a Venecia, que a mí me encantó pero mi chica no la conoce y además también vislumbramos Turquía en el horizonte).

No quiero sonar prepotente, pero desde luego que no me ha hecho la misma ilusión que recibirla por CarPa. Cuando la recibí por CarPa, acababa de terminar la novela y, la verdad sea dicha, no tenía ni idea de qué hacer con ella. Si merecía la pena, si a mí me lo parecía porque como no había leído mucho (bueno, mucho sí, pero no todo, que uno es muy avaricioso) pues no tenía con qué comparar... Así que el hecho de que me la dieran al menos me dijo que había gente externa a mí que no me conocía y que no tenía por qué ser pelota ni condescendiente ni educada valorara algo que yo había escrito y considerara que merecía la pena. Supongo que ese fue el momento en que empecé a creérmelo.

Además, la beca es un aval al fin y al cabo. No todos los días te dan dinero por una obra que no está terminada. Y encima te dan dinero por escribir. O sea, no sé cómo será recibir dinero por los derechos de autor y todo eso, pero ¿que te paguen por hacer lo que más te gusta en el mundo? Pues digno de un anuncio de Master Card, ¿no?

Lo que pasa es que a mí no me pueden pagar ya por escribir Equilátero. ¿Qué? ¿Que por qué no? Pues porque precisamente la terminé una semana antes de recibir la beca (se escuchan aplausos, ovaciones y gritos de "¡tío bueno!" en la sala). Es lo que ocurre cuando se convoca seis meses antes de que se publiquen los resultados. Que uno tiene la firme convicción de terminar lo que empieza le paguen o no.

Y con esto también explico la ausencia de entradas de un tiempo a esta parte, que necesitaba terminar la novela, sacármela de encima, antes de que llegara el verano, en el que quería ponerme con la novela juvenil, de la que tengo muchas ganas y con la que, a decir verdad, estoy disfrutando mucho más que con la que acabo de terminar. ¡Mi tercera novela! No puedo creérmelo, que yo había pensado siempre que no iba a terminar nada en la vida. Supongo que es lo que tiene crecer y hacerse mayor (y que tu novia ande de oposiciones).

No sé qué pensar de Equilátero, la verdad. Pasado el subidón de ponerle punto y final, me han entrado las dudas. Imaginaos si me están entrando que dudo de hasta mandársela a mi agente porque no quiero que se me ponga la cara roja de la vergüenza...

Es que, no sé, pero es una novela que me deja hecho polvo. Creo que me he centrado tanto en los sentimientos, llamémosles, negativos, que al final, dios, qué depresión. Sé que los personajes son interesantes, a mí por lo menos me gustan, pero no sé si algún lector podría acabar interesado en alguno de ellos, por eso precisamente que he comentado, creo que me he cebado demasiado en la parte negativa. Pero es que quería hacer algo tan diferente a CarPa o Tormenta que no se me ocurría otra cosa más que esta novela (¡drama! ¡drama! ¡he usado la palabra cosa!).

Y no todo es negativo, no. Creo que la segunda y la tercera parte (que componen la mitad de la novela) son bastante mejores que la primera, lenta hasta el sufrimiento pero necesaria hasta la saciedad. Necesaria precisamente así, lenta, para que se note el contraste. Me gusta el final. Creo que, dadas las circunstancias, no podía haber sido otro. No estoy muy seguro de la evolución del personaje que acaba siendo catalizador de ese final, precisamente, pero no sé si es porque yo todavía estoy muy metido en la historia. Tampoco estoy seguro de dos o tres puntos de la novela donde he dejado los acontecimientos muy en el campo de la casualidad y quizá eso denota un poco de vagancia por mi parte. No estoy seguro de que se distinga una de las tres voces narrativas. Dos de ellas están claras, pero hay una tercera que está oscura, que se mueve por entre las otras dos (claro, que a lo mejor es necesario que sea así, opaquilla). El narrador de la segunda parte, aunque me encanta haberlo utilizado, puede dar lugar a demasiados interrogantes por parte del lector...

Soy un mar de dudas andantes. Ya he corregido la primera y la segunda parte, que al fin y al cabo fueron escritas hace casi un año y creo que dejaré pasar un tiempo antes de ponerme con la tercera, aunque tengo la sensación de que me ha salido mucho más fluída y directa (en cuanto tuve claro el final, me salió rodada). Así que no sé qué hacer. Como le dije el otro día a mi agente, me daba mucho miedo que la novela fuera un truño y que toda la confianza que la agencia había puesto en mí se fuera al garete. Aquí entre nosotros, ahora que no nos escucha nadie, desde que tengo uso de razón, mi miedo más atroz ha sido el de decepcionar a los demás, así que lo llevo claro si me quiero dedicar a esto porque siempre decepcionarás a alguien, pero, bueno, os hacéis una idea.

Así que, no sé, hoy me dedicaré a dormitar por este dolor de cabeza punzante y cabronazo y mañana será otro día (esta noche voy al Mercader de Venecia, que estamos en pleno Festival de Teatro Clásico de Cáceres y siempre es estupendo ver una comedia de Shakesperare en medio del entorno medieval de mi ciudad. Aunque los muy cabrones me han hecho tener que elegir entre esa y Mucho ruido y pocas nueces. Qué poca vista a la hora de poner las fechas de las obras, narices).

Y, bueno, ahora que lo pienso, mañana no será un día cualquiera , porque es día 15 y ese es el día que Adhara y yo nos hemos propuesto para comenzar nuestro NaNo deVerano. 20.000 palabras en un mes. ¿Alguien se apunta?

PD: En otro orden de cosas, he empezado a leer La Puerta Oscura para ver qué tal estaba y ¿soy yo, que tengo al cerebro con déficit neuronal, o la gramática es un poco oscura -por hacer un homenaje al título de la novela- y enreversada?

sábado, 1 de diciembre de 2007

NaNoWriMo 2007

El jueves por la tarde conseguí mi primer NaNoWriMo después de cuatro años intentándolo. ¿Que qué es el NaNoWriMo? Míralo por ti mismo:


¿Escribir 50000 palabras en treinta días? cuando la peor influencia del mundo (gracias, Adhara) me invitó a punta de pistola amablemente para que participara con aquel proyecto de novela que tenía desde hacía mil años pero con el que nunca me había puesto, mi primera reacción fue reírme. Sí, sí. A carcajada limpia. Yo. Una novela. En un mes. Sí, seguro. Y los monos bailarían claqué haciendo malabares con tartas mientras tanto.

Pero el caso es que lo hice. No llegué a las 50000 palabras y no gané aquel año, el 2004, pero llegué a las 30000 y aquello no hizo más que encender la mecha. Terminé al año siguiente la novela, era CarPa, y aquel mes en el que no pensé en otra cosa que en escribir fue uno de los más felices de mi vida. Si me vierais, tenía yo el cutis tan suave por la felicidad... Incluso a pesar de la falta de sexo, que había que emplear todos los esfuerzos en conseguirlo y cualquier distracción podía ser nefasta.

Nunca podré estarle más agradecido porque me hizo darme cuenta de que yo también podía hacerlo, que escribir solamente tenía un truco: ponerse a hacerlo, casi diría más, obligarse a sentarse a hacerlo. Y el NaNoWriMo te da la excusa perfecta.

Además escribir es algo un poco solitario. Al fin y al cabo, te sientas delante de la pantalla, o de las hojas del cuaderno e incluso te aíslas (como es mi caso) con los auriculares y la música (bueno, tengo que reconocer que a veces los tengo apagados, pero es la única manera que tengo de hacer como que no escucho a la gente que me habla en la sala de profesores del instituto mientras leo o escribo). ¡Pero no en noviembre! ¡En noviembre, tu abuela, tu primo, tu tío e incluso tu perro puede hacerlo! Podéis hacer guerras de palabras, podéis apostar a que el que no llegue a 17000 antes del sábado saldrá por la noche desnudo gritando por la calle. Podéis leeros mientras no escribís. Y todo eso lo haces sabiendo que miles, millones de personas alrededor del mundo lo están haciendo a la vez que tú.

Así que este año me lo propuse firmemente, llegué al 31 de octubre con mi esquema bien organizado. Sabía qué tenía que poner y adónde quería llegar. Solo tenía que ponerme. Y el día 1 a las 9 de la mañana lo hice. No paré hasta el día 29 por la tarde cuando llegué a 50133 palabras, justo en el final de la primera parte de mi novela. Justo como había planeado. Como diría Hannibal Smith, adoro que los planes salgan bien.

Claro que yo no iba a saber el desgaste emocional que iba a suponer eso, porque solo a mí se me ocurre hacer el NaNo con una novela contada desde tres puntos de vista que no va precisamente de buenos sentimientos ni de alegrías. La última tarde fue horrorosa, de hecho. Sabía que iba a conseguirlo. Al fin y al cabo tenía dos días por delante para poco menos de 3000 palabras, pero algo tuve que hacer mal porque aunque tenía clarísimo qué tenía que pasar era como si yo mismo o mis personajes se negaran a que pasara.

Quizá fue un poco de las dos cosas. En mi vida normalmente evito los conflictos y los enfrentamientos así que imagino que inconscientemente estaba alejando el que tenía que pasar durante la novela. Y quizá, por otra, porque en resumidas cuentas lo que creas durante un NaNo no es una novela sino un borrador, no había dibujado a mis tres personajes tan bien como había creido y por eso se sentían un poco reticentes a hacer lo que yo les estaba obligando a que hicieran.

Al final lo hicieron y di carpetazo con la primera parte de la novela, que por otra parte me ha encantado escribir, dejándome agotado, física y emocionalmente. Porque además las consecuencias de un NaNo también son otras: de pronto, así, de la noche a la mañana, solo por el hecho de que termina noviembre, te sientes como desamparado porque tu motivación para escribir cambia. Ya no se trata de escribir sin mirar atrás ni para coger impulso (¡y mucho menos para corregir! Eso se hace en diciembre) sino de escribir como lo has hecho siempre, y uno pierde un poco el norte.

Así que me encuentro ahora mismo en un mar de dudas porque me pican los dedos y necesito seguir haciéndolo, pero no sé si seguir con Equilátero (la novela en la que he trabajado durante noviembre) o si me pongo con la que pensaba ponerme durante el verano. Reflexionaré estos días y organizaré ideas (espero).

Aunque mientras tanto disfrutaré de la victoria: